Hijo, he ahí a tu madre.


Jairo Camayo Bravo
Pastor, Consultor y Coach Espiritual.
40 años de experiencia.

Esta frase que está registrada en la historia bíblica como pronunciada por Jesús desde la cruz en el Gólgota, ilustra muy bien el alto concepto que Cristo tiene de la mujer como madre.
Dice Juan el narrador de la historia, “cuando vio Jesús a su madre”, es cuando encarga a Juan del cuidado de su madre y luego dice: Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
Nada hay más valioso en el planeta tierra que la madre. Es el papel más sobresaliente que una mujer desempeña en el transcurso de su vida. Los hombres no alcanzamos a comprender el altísimo significado de la misión de la mujer como cocreadora de la vida.
Cuando uno conversa con una mujer sobre el tema de la maternidad, ella se traslada a una conversación trascendente, dicen que es la experiencia más sublime que ellas experimentan.
Dichosos aquellos que aún pueden disfrutar de una hermosa relación con su madre. Todo es maravilloso cuando sale de las manos de una madre. No hay mejor comida que las que nos preparaba nuestra madre. Perderla en la infancia es terriblemente doloroso.
Es incomprensible que existan personas en este planeta que sean capaces de maltratar a su madre. Duele cuando un hijo insulta, grita o maltrata a su madre. Es una conciencia dormida la que es capaz de hacer eso. Hay que despertar de la hipnosis del condicionamiento social. Ya lo había profetizado Pablo en sus epístolas diciendo que en los postreros tiempos vendrían personas desobedientes a los padres.
Los que maltratan o abandonan a su madre, deben nacer otra vez. Disponerse a vivir en el Espíritu para que surja desde su interior el fruto del Amor, que los haga valorar, respetar y proteger a su madre, tal como nos dio ejemplo Cristo desde la cruz.
Hay que recordar que la Escritura dice que el primer mandamiento con promesa es el cuarto mandamiento de la ley de Moisés: Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien en la vida y seas de larga vida. 

Sería muy bueno que revisáramos la costumbre comercial de celebrar el día de la madre y nos propusiéramos más bien a celebrar ese día todos los días de nuestra existencia. Hijo, he ahí a tu madre. Amala, respétala, protégela y si ya estás en la edad adulta y ella es una anciana susténtala.

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